Australia, Oceanía

El destino de ensueño

Desde hacía mucho tiempo, viajar a Australia había sido mi sueño. De hecho, había llegado a pensar que podía ser mi lugar ideal para vivir, ese lugar que parece que busco con tanta ansia. Sin embargo parece ser que lo tenía idealizado, porque no fue como esperaba… Aunque, siendo sinceros, las condiciones en las que llegué tampoco eran muy esperanzadoras.

Mi primera intención era irme allí con la Work and Holiday Visa a trabajar (ahora es cuando me río) y viajar, tal y como el nombre de la visa indica. Esta visa es la que tenemos que pedir los españoles para poder pasar un año en Australia. Se puede pedir online y también desde fuera de España. En mi caso la pedí desde Indonesia, Bali concretamente y no tuve ningún problema. Si quieres saber más sobre cómo pedir esta visa, te informo sobre todos los pasos en en el apartado de mi blog Work and Holiday Visa 462.

Sydney, NSW

Mi primer destino en Australia fue Sydney. Yo llegaba de Tailandia sola con mi mochila porque mi plan inicial era irme a “vivir a Bali” (sé que es confuso, ya iréis descubriendo esta historia) y me alojé en un hostal que ya me habían recomendado llamado Backpackers HQ hostel, Sydney. Está situado en Kings Cross, por lo que tiene muy buena ubicación y está lleno de gente joven, tanto viajeros como trabajadores. Además, mucha gente se termina quedando durante una larga estancia, lo que hace que tenga un ambiente muy familiar.

En un principio, mi idea era quedarme en Sydney, ya que al ser una ciudad grande tendría más oportunidades de conseguir trabajo, algo que necesitaba urgentemente. Empecé a publicar varios posts en grupos de Facebook y la verdad es que me respondieron un par de ellos en solo unos días, incluso me ofrecieron una prueba en un restaurante asiático. Pero yo venía de estar dos meses en la playa rollo hippie, y sinceramente la ciudad me agobió. Me pareció muy bonita, pero el estar parada esperando semáforos y chocarme con mil personas cada vez que salía a la calle no era lo que estaba buscando. Por eso mismo, decidí irme a la costa, en concreto a Bondi Beach y empezar a buscar apartamentos por allí.

En Australia puedes hacerlo de dos formas: buscar trabajo y, según dónde trabajes, buscar apartamento o jugártela, buscarte un apartamento y, cuando ya estés acomodado, buscar trabajo. Yo soy más de jugármela la verdad y ya venía de estar dos meses de hostal en hostal y necesitaba un poco de estabilidad. Por lo que seguí mi búsqueda en Bondi Beach hasta que oí hablar de Queensland. Este estado me llamó mucho la atención, puesto que es todo básicamente playa (y también edificios muy altos). Empecé a indagar y me di cuenta de que los apartamentos allí eran bastante más baratos y, además, todos tenían unas vistas impresionantes a pie de playa. Os podéis imaginar lo que duré en Sydney… Una semana. Entonces decidí irme, concretamente a Surfers Paradise en Gold Coast, donde encontré un apartamento que era genial, tenía un ventanal con balcón en el salón que daba directamente a la playa en uno de esos edificios tan altos. No dudé y me compré el billete de tren. Mi sorpresa fue que, la noche antes de coger el tren, el chico al que había alquilado el apartamento (ya había pagado la fianza por adelantado) me dijo que habían tenido un problema y ya no estaba disponible. Las típicas cosas que me suelen pasar a mí.

Tranquilos, me devolvieron la fianza. En este punto todavía no me había estafado nadie…

Gold Coast, QLD

Aún así, cogí el tren hasta Gold Coast y tuve la suerte de que un viejo amigo de Toledo, que estaba allí, me acogiera en su casa durante una semana. Este tiempo fue lo que tardé en encontrar mi nuevo apartamento, el cual era justo dos pisos más arriba que el que me cancelaron antes de venir. La vida y sus casualidades.

Una habitación en este apartamento me costaba 135 AUD (80 euros) a la semana, que era lo más barato que podías encontrar allí. Eso sí, compartía habitación con otras dos chicas y teníamos un (mini) baño privado. La habitación tenía dos camas de matrimonio a los lados y en medio una cama individual, donde, cómo no, dormía yo. No, no había mucho espacio para moverse… En otra habitación vivían otros dos chicos. La casa era aceptable pero sin duda merecía la pena solo por las vistas, tanto del salón como de la habitación.

Una vez ya instalada, tocaba la parte dura: ¡buscar trabajo! Pues bien, esto se supone que era la parte fácil, ya que Australia era tan famosa porque había mucho trabajo. Además, contaba con el plus de que hablo inglés. ¿Qué pasa? Que esto no siempre es así. Dependiendo de la ciudad en la que estés y de la suerte que tengas, que por lo visto era un factor muy importante, encontrabas trabajo o no. Al igual que en Sydney me había parecido relativamente factible, aquí me parecía misión imposible. Surfers Paradise estaba lleno de extranjeros y, cuando digo lleno, es lleno. Y claro, todos buscaban trabajo. ¿Conclusión? Que no había.

Cuando yo llegué era el mes de septiembre, que se supone que es cuando está empezando la temporada allí y cuando empiezan a contratar a gente para las navidades. Al principio, tenía esperanza e iba todos los días a todos los bares y restaurantes de Surfers Paradise y alrededores, echaba currículums por Internet, me descargaba aplicaciones… Y nada. Pasaron las semanas, y empecé a preocuparme un poco. Entonces decidí darme por vencida con la hostelería (que era dónde yo tenía experiencia) y echar en cualquier otro sitio como tiendas de ropa o limpieza en hoteles. Sin embargo en estos sectores tampoco tuve suerte.

Lo único que conseguí fue una prueba en un restaurante mexicano (La Diosa, Surfers Paradise) en el que, al echar el currículum, esa mañana me dijeron que no necesitaban a nadie y horas después me llamaron. Hice una prueba de dos días en los que, mientras yo trabajaba, la encargada habló con unas 8 personas más para que vinieran a hacer la prueba los días siguientes y recibía un currículum cada media hora. Después de una semana, me dijeron que no era su perfil y no mencionaron nada de pagarme lo prometido. Tras varios mensajes con la encargada, conseguí que me pagaran. Pero mi sorpresa fue cuando abrí el sobre y había 15 AUD por dos días de trabajo. Esta cantidad es ridícula, ya que el mínimo en Australia ahora mismo está en 19,49 AUD la hora. Puede que de verdad no diera el perfil que estaban buscando y, además, yo tampoco me sentí cómoda, pero mi impresión fue que lo que hacen cuando alguien les falla es llamar a aspirantes a los que hacen pruebas gratis y no pagan para ahorrarse el sueldo de una semana. Y esta fue la primera vez que me estafaron en Australia.

Y ahí fue cuando empecé a perder la esperanza. La perdí tanto que un día leyendo publicaciones para buscar trabajo en Australia encontré una que ofrecía trabajo en un pueblo llamado Richmond, en el que pagaban a 25 AUD la hora, ofrecían más de 40 horas semanales de trabajo e incluía dos comidas al día y alojamiento. Además, al ser un paradero desconocido, si hacía tres meses de trabajo allí, podía aplicar para el segundo año de visa, por lo que… Adivinad. Cogí y me fui a ese tal Richmond.

Richmond, QLD

Richmond es un pueblo de 522 habitantes que está básicamente en el culo del mundo. Para llegar a aquel lugar tuve que coger un tren de Surfers Paradise a Brisbane. De Brisbane un avión a Townsville, donde tuve que pasar una noche en un hostal random, y de Townsville un autobús que solo sale dos veces a la semana y dura 6 horas (en las que no ves ni un alma). ¡Ah! Pero tiene un cocodrilo-dinosaurio gigante en medio del pueblo.

Y supongo que ahora os haréis la pregunta de: ¿Pero te salía rentable ir hasta allí? Y la respuesta es definitivamente sí. Porque lo que yo me gasté en ir, supuestamente lo iba a ganar en 2 días de trabajo. Y teniendo en cuenta que pensaba quedarme unos tres meses, sí, iba a volver rica.

Y ahora supongo que la siguiente pregunta que os haréis es: ¿No te dio miedo? Pues la respuesta también es definitivamente sí. Teniendo en cuenta que todo lo que yo sabía de ese sitio antes de ir era que iba a trabajar en un motel de carretera, que había otra chica alemana trabajando y que la encargada era una supuesta señora mayor con la que me comunicaba vía Facebook.

A mí tampoco me inspiraba mucha confianza, pero la verdad es que al llegar sentí un gran alivio, puesto que era verdad que tenían un enorme cocodrilo-dinosaurio.

No, estoy bromeando. Mi alivio fue porque el motel, la encargada y la alemana existían.

En Australia, muchas veces te ofrecen trabajos en las afueras prometiéndote mucho dinero o te piden que pagues una anticipación antes, y luego son mentira. En los hostales suelen poner anuncios en los que te indican cómo fiarte o no de estos trabajos, que en la mayoría de los casos es tener sentido común y verificar los lugares. A mí nunca me pidieron dinero por adelantado.

Para mi gran sorpresa, descubrí que iba a vivir en una pequeña habitación portátil del motel (también portátil) y tenía baño propio, televisión y aire acondicionado. Lo que me hizo bastante feliz ya que siendo sincera me esperaba lo peor.

Ese mismo día nada más llegar, me pusieron a trabajar en el bar. Y bien… Un bar australiano de carretera no es como un bar cualquiera. Tiene sus propias medidas, sus propios horarios, saludos e incluso su propio lenguaje. Se supone que es inglés australiano, pero yo estoy convencida de que era sueco, porque no entendía nada.

Mi trabajo consistía en estar las tardes en el bar y por las mañanas limpiar las habitaciones del motel (debo mencionar que yo nunca había limpiado profesionalmente). Pero mi mayor problema no fueron las 10 horas diarias de trabajo, ni los 40º de media que hacía en ese pueblo, ni los clientes tan peculiares que bebían sin parar y que pasadas unas horas daban miedo. Mi mayor problema fue el idioma. No entendía prácticamente nada. A nadie. Y claro, trabajando de cara al público os podéis imaginar cómo me sentía. Sin embargo poco a poco fui entendiendo el sueco y a la semana ya me sentía un mate más. Básicamente, por que era lo único que entendía.

La vida allí era muy monótona, trabajaba casi todo el día y, cuando no trabajaba, lo máximo que podía hacer era bañarme en una pequeña piscina que tenían en el motel, porque si salías a pasear, probablemente te derretirías. Además la edad media de Richmond son 60 años y todos los dos bares que hay incluidos fines de semana cierran a las 11 de la noche. Pero tuve suerte de encontrar aunque fuera la última semana a unos mochileros geniales, que estaban allí en la misma situación que yo y me alegraron y apoyaron tanto.

Todo iba más o menos bien, teniendo en cuenta esos pequeños detalles, hasta que nos anunciaron que iban a vender el motel y que los nuevos dueños no eran muy partidarios de los mochileros. Razonando un poco nos dimos cuenta de que este acuerdo ya se había llevado a cabo antes de que yo llegara, y eso que a mí me habían pedido un mínimo de un mes de estancia.

De repente, empezaron a descuadrarme las cosas y el ambiente se convirtió en una especie de batalla entre los trabajadores actuales y los nuevos dueños. No tardaron mucho en decirnos que nos íbamos a tener que ir en la próxima semana, y esto fue lo que cambió totalmente mis ánimos. Hasta que, sorprendentemente, unos días antes de que los nuevos tomaran por completo el motel, la que sería la nueva dueña de una manera muy peculiar, me siguió hasta el baño y me preguntó que si quería trabajar para ellos, me podía quedar. Claro, bajo sus condiciones y reduciéndome las horas y, por lo tanto, el sueldo a más de la mitad. Y no, yo tampoco entiendo porqué me ofreció trabajo en el baño.

Ahora os voy a explicar por qué me propusieron que me quedara: el sistema que siguen en estos pueblos de Australia es poner como camareras en los bares a chicas, solo chicas, extranjeras para que así los clientes, que son un 99,9% hombres, vengan más al bar. El jefe me llegó a decir con palabras textuales que necesitaban mujeres de buen ver para que los hombres vinieran a verlas y que como nosotras (no sé por qué me incluyó en este saco) estábamos buscando marido (no novio, marido) teníamos que tener una buena interacción con ellos (tontear de toda la vida). Resumiendo, me pedían que tonteara con los hombres, les hablara, especialmente si venían solos, y les sonriera todo el rato.

Como podréis comprender, no me sentía muy a gusto con toda esa situación y el día antes de que empezaran los nuevos dueños tuve un malentendido con el nuevo jefe (siendo claros, me faltó al respeto) y al día siguiente cogí mis maletas y me fui (tuve suerte de que era uno de los dos días de la semana que pasaba el autobús). Eso sí, al antiguo jefe le avisé para que lo tuviera en cuenta pero, como él ya no iba a trabajar allí más, me dijo que no pasaba nada que lo entendía y que no me preocupara, que el último día que trabajé me lo pagaría. Pues bien, ¿te lo pagó a ti? Pues a mí tampoco. Parece una tontería pero al día me sacaba 200 euros y a la semana me encontré con un mensaje de su mujer diciéndome que no me iban a pagar porque me había ido sin avisar. Genial, segunda vez que me estafan.

La realidad…

Pues con mi mochila y 2.500 euros más me volví a Gold Coast a las dos semanas a seguir con la búsqueda de trabajo. Esta vez, tuve una idea mucho mejor que fue trabajar por alojamiento en un hostal de Surfers Paradise para así ahorrarme la renta y buscar otro trabajo. A simple vista parece una buena idea, pero yo trabajaba totalmente gratis, 20 horas a la semana y dormía en una habitación de 2 m² con dos literas y otras 3 personas, sin ventanas. Vamos, un zulo de toda la vida.

El trabajo no era muy duro, era limpiar el hostal, pero si echabas cálculos de lo que ganarías normalmente en 20 horas semanales, me salía por el doble de lo que pagaría por la mejor habitación del hostal. ¿Conclusión? Tercera vez que me estafan. ¡Ah, espera! Lo mejor es que te hacían pagar 100AUD (60 euros) por si te ibas antes de un mes. Si te quedabas más tiempo, te lo devolvían, pero me di cuenta de que eso era poco probable de aguantar. O sea que no es que trabajara gratis, es que pagaba por trabajar.

Sé que ahora mismo pensaréis que soy muy estúpida por aceptar algo así, y os doy la razón porque ahora también lo pienso. Pero es que allí la gente se peleaba por ese tipo de trabajo. De hecho, tuve muchísima suerte por entrar ahí porque siempre había gente esperando. Incluso los que trabajaban allí eran considerados guays. Otro mundo, vaya.

Y así van algunas cosas en Australia. En mi opinión es un sitio que se ha puesto de moda, por no hablar de la de españoles y postureo que hay allí, y se aprovechan de nuestra situación y desesperación por conseguir un trabajo. Los trabajos más normales son de ayudante de cocina, limpiador de platos, repartidor de Uber, limpiador en hoteles, trabajo en obras, en el campo recogiendo fruta… Y cuando lo consigues, muchas veces son jornada partida y te da para pagar el alquiler dando gracias. Lo normal allí es tener al menos dos trabajos para poder vivir más o menos dignamente.

Donde sí se consigue mucho dinero es en el outback (en pueblos desérticos en medio de la nada) recogiendo fruta o en la hostelería como en mi caso en Richmond. En esos sitios trabajas mucho pero ganas muchísimo dinero en relativamente poco tiempo.

A lo mejor tuve muy, muy, muy mala suerte, no digo que no. Además, como he dicho al principio, fui sin mucho dinero, con muchas expectativas y poca paciencia. Pero os puedo asegurar que yo no era la excepción. He conocido mucha gente que estaba en mi misma situación o peor, pero al igual que muchos otros estaban encantados con su vida de allí, todo hay que decirlo.

Por lo tanto, es difícil hablar de Australia porque yo solo visité una mínima parte, no dudo que tenga lugares increíbles que merezca la pena visitar. Y de verdad, que aunque mi experiencia allí fue un poco decepcionante, animo a todo el mundo a que vaya porque puede ser que tengáis más suerte (aviso que no es difícil) y sea una experiencia increíble.

¿Cuánto aguanté?

Antes de rendirme completamente, estuve apunto de cogerme una caravana e irme a la aventura con una amiga de mi intercambio en Taiwán, que casualmente también estaba allí, y dos chicos que conocimos, pero fui un poco realista y me di cuenta de que por muy a lo hippies que fuéramos no me llegaba el dinero. Así que duré dos semanas más y decidí volverme a España a pasar las navidades para así volver con más fuerzas. Sin embargo, estas navidades se alargaron demasiado porque decidí que no quería volver a pasar por eso. El tema del trabajo para mí fue algo que me desmotivó demasiado y no es que fuera la primera vez que me iba a un país extranjero a buscar trabajo. Además, aunque conocí a gente genial y tengo muchos buenos recuerdos, me di cuenta de que no era el sitio donde necesitaba estar en ese momento y el billete de vuelta a Australia se convirtió en un billete de ida para la República Democrática del Congo.

¿Y los canguros y koalas?

Puede que mi experiencia en Australia no fuera del todo buena, pero eso sí que no, no podía irme sin haber visto sus famosos canguros y koalas. Coombabah Lakelands Conservation Area en Gold Coast fue el lugar que nosotros visitamos. Este parque natural es un entorno para preservar y proteger a estas especies y a la vez te da la oportunidad de conocer a estos animales en un entorno libre y dentro de su hábitat. Además es completamente gratuito y un lugar precioso lleno de naturaleza, al que animo completamente a ir.

Vimos cientos de canguros mientras paseábamos e incluso podías acercarte para observarlos mejor (eso sí, sin molestarlos). En este área puedes encontrar también koalas, búhos, más de 20 especies de aves migratorias protegidas y más de 200 tipos de animales entre sus bosques de eucaliptos, humedales y marismas.

Además, allí tuve toda la suerte que no había tenido en mi búsqueda de trabajo. No solo vimos dos koalas en los árboles (ya que suelen estar escondidos en lo alto y a veces es complicado verlos), sino también vimos a un koala corriendo. Sí, corriendo. Esto por lo visto es una cosa muy poco usual, ya que suelen pasar el mayor tiempo dormidos, pero cuando estábamos a punto de irnos, vimos a uno cruzarse por medio de la explanada para cambiarse de árbol y fue increíble estar tan cerca. Sin duda este es uno de los mejores recuerdos que me llevé de Australia.

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